CINE, ALGUNAS PALABRAS

La mayoría de estas criticas de cine fueron publicadas en la Revista Siempre entre 2005 y 2006.  Algunas están muy superadas, otras en cambio me siguen gustando y forman parte de mi obsesiones recurrentes en literatura y cine... Aquí algunas:

  • CASABLANCA
  • SRA VENGANZA
  • SUITE HABANA






SUITE HABANA, Fernando Pérez, Cuba, 2003
(de corte documental sin ser verdaderamente uno)



Una ciudad que despierta, una guardia que cambia de relevo, un Centro Habana que se va vaciando extrañamente sin sonido para iniciar las labores de trabajo.  La mañana se impone y con ella los gritos de mujeres en tubos, las máquinas, las guaguas pero la voz de los hombres permanece muda, insonora.  Es el principio de la película Suite Habana del director cubano Fernando Pérez.  Elocuente inicio de imágenes que esbozan la nimiedad del hombre frente al destino, frente al mundo y las enormes máquinas transformadoras del paisaje; incluso del paisaje habanero. Sin embargo las diez historias que se narran a lo largo del filme se van diluyendo y terminan por volverse melodrámaticas a pesar de la promesa inicial.
 

En realidad la película revela mucho del sentir cubano hoy.  Un aislamiento de casi medio siglo, altos niveles de educación y un discurso maniqueísta  (los malos están allá afuera) han forjado una identidad muy peculiar y poderosa (basta el milagro cultural para darse cuenta: el mayor número de escritores y de músicos en el continente para un pedacito de tierra).  Los cubanos, como cualquier otro pueblo incapaces de mirarse, se siente víctimas o héroes del mundo y el relato de los diez personajes lo confirma.  Son héroes de Centro Habana, el barrio de mayor negritud y densidad poblacional,  frente a la adversidad: como el zapatero de vestir impecable a la hora de la farándula o el blanquísimo enfermero trasvesti de lentejuela y zapatos rojos; como el payaso de fiestas infantiles que vive de la medicina o aquel saxofonista que de día funge como mecánico ferroviario; como la vendedora de manís  (la cacahuatera) que desesperanzado es su día como su noche.  
En la mayoría de los casos la doble vida enaltece la rutina laboral.  Esos hombres salidos de las ruinas, imágenes repetitivas del malecón golpeado por la marejada, se subliman al contacto de sus verdaderas pasiones artísticas: la actuación, el baile, la danza, la música o los lentes de John Lenon.  Sublimación que sólo es posible en un país pobre como Cuba porque los Olvidados, en otras latitudes, no pueden redimirse.  Buñuel, menos complaciente que el director cubano, hizo de su personaje con doble vida, estelarizada por Catherine Deneuve, una crítica a las pasiones del individualismo, un fatalismo de posguerra que perdurara a lo largo del siglo.  Bella de día más que un clásico fue una profecía.


 A esta viñeta de personajes dobles se añaden los dramas de época: el desamparo del viejo; el niño enfermo (con síndrome de Down), el conflicto del exilio (en Cuba cada cierto tiempo un ciudadano recibe “el bombo”, un fólder amarillo que contiene la posibilidad legal de salir del país y viajar a Miami.  Es el caso del personaje.) y, la propaganda como remanente de lo que un día fue lucha legítima y promesa.  Realidades políticas y sociales del mundo moderno, sin excluir países. 
            Lo leí, decíamos; hoy en cambio afirmamos: salió en la tele...  Huelga decir que la película en Cuba disfrutó del fenómeno de espejos que en México se dió con imágenes mucho menos poéticas como el Big Brother.  “Yo he vívido esto pero ahora que lo veo en la tele me doy cuenta que es real.”.  Curioso que en una sociedad menos mediatizada como la cubana el hecho se repita: la imagen vuelve las cosas suficientemente reales para la indignación o la apatía.
            Fernando Pérez logra un buena película de pinceladas poéticas y ciertas críticas con aires exquisitos pero, a diferencia del cineasta español,  prefiere el final fácil, de lagrimeo.  Una película, a pesar de todo, interesante.

Suite Habana
Dir. Fernando Pérez


---------------------------------------------------------------------------------






SRA VENGANZA, Park Chan Wook, Corea del sur, 2005
Lee Yeong Ae,  Choi Min Sik y Nam Il Woo 


UN PASTEL DE TOFÚ PARA TODOS

“Para invocar la pureza que esperamos o deseamos del otro, se regala un pastel blanco de tofú.”  Con esta explicación, hecha por un cura católico coreano, inicia la película Sra. Venganza, última de una trilogía (Sympathy for Mr. Vengeance Old Boy) del director sudcoreano, Park Chan- Wook.  “Vete a la mierda”, le responde una hermosa mujer de mirada dulce, mientras tira al piso el pastel.  El cura, desconcertado, la ha esperado los 13 años de condena considerándola un ángel a pesar del crimen del que se le acusa: secuestro y asesinato brutal de un niño de 5 años. 

¿Qué se oculta detrás de ese rostro infantil e ingenuo, un ángel o un monstruo?  Sólo una venganza que ha sido lenta y cuidadosamente tejida.  Al salir de la cárcel, escena tras escena, la bella solitaria va recogiendo fragmentos, hilos de una sola madeja que terminarán por conducirla al maestro de escuela infantil, Baek, secuestrador y asesino de niños.  Cada persona es una deuda contraída en prisión. En efecto, durante su estancia carcelaria, siempre con rostro angelical, se dedicó a ser la necesidad de la otra: Una donante de riñón; un refugio para el desamor; la justicia para las humilladas o el cuidado para la vejez y el olvido…,  y cada necesidad colmada aumentó su aura de santidad y belleza.  Luz angelical equívoca, o dual, pues con sus actos, también crueles, hereda el apodo de la sádica que torturaba a las presas: La bruja.  He aquí a una diosa que con una mano da la vida y con la otra la quita.  En el principio fue una nacimiento al final una muerte…


 A pesar de sus rasgos católicos dualistas, o de una estética tachada por la critica de mercadotecnia, (muchos afirman que la estética del cine asiático actual responde a la demanda occidental que imagina un Asia bello e inalcanzable), lo cierto es que la película se asienta sobre dos premisas muy interesantes (y por lo menos discursivamente, muy lejos de los valores modernos de tipo occidental).  Por un lado la imposibilidad del acto individual (la necesidad de los otros), para amar, para asaltar, para secuestrar, para vengarse, para criar, para creer… y por el otro,  la mezquindad humana que todos llevamos dentro pero que descargamos en el “malo” social; el convicto, el secuestrador, el asesino, el otro, el chivo expiatorio.



Por ello el climax narrativo se da cuando los padres, víctimas dolidas por la muerte de sus niños, al estar congregados deciden una venganza personal contra el secuestrador; más allá de la ley.  La escena inicia con los padres mirando un televisor donde se proyectan las muertes de sus niños en llanto pidiendo al secuestrador: “No me mate”.  El todo puede ser acusado de efectista, pero la narración es más compleja pues va revelando la pulsión de muerte y sadismo que todos llevamos dentro, incluso las víctimas.  Más allá, un micrófono, castigo psicológico para el secuestrador inmovilizado, reproduce el debate de los padres. Todos cargan historias negras, pecados silenciosos; incluso el cura que unas escenas antes ha vendido las fotos de su ángel caído haciendo mueca frente al bajo precio obtenido. 


Nadie está libre de culpa, todos somos culpables concluye la foto colectiva que se toman los antes víctimas ahora verdugos. Escena análoga a los ritos antiguos de escarnio público que purificaban a los habitantes de un pueblo con el sacrificio propiciatorio de una víctima.  Rito frente al tótem que solía ser sacrificado para la redención de todos, y donde la sangre bebida limpiaba a la colectividad.  En el caso de la cinta del director Park Chan Wook la sangre se convierte en un delicado pastel, negro con mermelada roja, que todos comen después de cantar una canción de cumpleaños.  Es el nacimiento de algo, y todos lo saben cuando al despertar de su acto se levantan y se lanzan a la calle a recibir la nieve, gotas blancas que caen del cielo y los purifican. 

         Sola, sin haber podido encontrar la redención que esperaba en su acto de venganza colectiva, dirige sus pasos cabizbaja con un pastel envuelto en la mano.  Suponemos que es un regalo para su hija, la niña que a pesar de haber sido criada por unos viejos y amables australianos, ha decidido, con chantajes, seguir a esta madre aparecida.  Silencio y noche, mientras camina seguida por el joven ayudante de pastelero, única relación ajena a su cuidadosa planificación de venganza.  A la mitad del camino se encuentran la madre vestida de cuero, botas y saco negro, y la hija descalza en camisón blanco.  Entonces la bella desenvuelve el regalo, pastel blanco de Tofú que la hija prueba y ella no se atreve a comer. 
         Después de 13 años y una venganza sigue sintiendo la suciedad primera que la manchó cuando ayudó a secuestrar a un niño.  Sin embargo la redención ha llegado, lo saben la niña y el joven enamorado, ambos hilos no usados en el telar de la venganza.  Lo saben porque están ahí, alrededor del pastel de tofú, ahí, debajo de la nieve que cae para todos.  Y es que la vida, afirman algunos, no es blanca ni negra sino una infinidad de grises posibles.





CASABLANCA, Michael Curtis, EU, 1942
Humphrey Bogart e Ingrid Bergman



EL SIGLO QUE SE NOS FUE

1942, el día de acción de gracias se estrena en Nueva York una película de tintes propagandísiticos que se convertirá en un clásico del cine:  CASABLANCA.  La historia ambientada en un café, aparentemente de Casablanca (Marruecos), plantea el dilema de una mujer dividida entre la lealtad a los ideales y su pasión amorosa.  Ilsa entra al café de Rick con su marido Victor Lazlo, líder de la resistencia antinazi, en busca de unos salvoconductos que les permitirán refugiarse en los Estados Unidos y desde ahí continuar la lucha.  Pero el café de Rick no es cualquier café; su dueño, un norteamericano enigmatico, es su viejo y amoroso amante todavía dolido por el abandono.  En una ambiente de rivalidades privadas y políticas la elección de Ilsa transformará a los personajes y, profetizará el desenlace de la Guerra.
De la película se ha escrito mucho y lisonjero como afirmar que es uno de los mejores guiones de la historia fílmica.  Pero no es su guión, que de vez en vez se quiere cursi y melodramático, lo que la hace inolvidable sino su importancia en el imaginario del siglo XX.  Un siglo corto nacido de las guerras y la exacerbación de los fenómenos (todos los “ismos” del siglo XX). 




En efecto las guerras en Europa, tanto la Primera como la Segunda, destruyeron los viejos ideales decimonónicos.  Del Progreso, que llegaría con la industrialización y los bienes de consumo, sólo quedaba un olor a fuego y atomos convertidos en bombas; de la Razón, que permitía discernir entre el bien y el mal, quedaban los campos de trabajo y exterminio nazi donde escrupulosa y sistemáticamente se había planificado la muerte de hombres y pueblos y; de la Familia nuclear quedaba una liberalidad femenina muy amenazante.  Así, la idea de civilización y sus metrópolis estaban arruinadas. 

Regresemos.  Estamos en 1942, de Casablanca la ciudad marroquí ignoramos casi todo pues bajo regencia francesa, restos del imperialismo colonial, el lugar es una extensión de los conflictos europeos.  Apenas sabemos que en los mercados roban a los incautos y que existen dos cafés, el lugareño que ostenta un nombre extranjero “el blue parrot” y “el Rick’s café”.  Rememorando los cabarets y los grandes centros del naciente espectáculo norteamericano, el café de Rick es nocturno y luminoso como su dueño.  Oasis del glamour y la diversidad, recibe democráticamente a todos (siempre y cuando seas blanco europeo): Franceses, Judíos, Rusos, timadores, soldados, mujeres despechadas y simples migrantes buscando libertad.  Ciertamente el pasado quedaba atrás devastado como las ciudades, estos europeos sin embargo, huyendo de la ruina, fundaban otro siglo en otro lugar: América.  El progreso estaba en sus manos y se llamaba porvenir.

Iniciáticamente, antes del sueño se pasaba por CASABLANCA, (entiéndase el café de Rick), lugar de transición entre la vieja Europa y el porvenir americano.  Ahí se puede hacer de todo: enamorarse, jugar, beber, escuchar música negra y jazz; porque la única nacionalidad es ser “borracho”, los únicos ideales “trabajar en paz” y la única razón impartir justicia por encima de los intereses personales  (“No quiero saber qué haces en la noche, le advierte Rick al mesero después de asegurar los salarios.”).  Rick, prototipo del hombre americano, el WASP (White anglo-saxon protestant), domina el espacio a partir de una nueva racionalidad lejana al ideal ilustrado.  No es un sabio erudito rodeado de libros sino un hombre libre imponiéndose al paisaje porque la razón americana se inspira en la voluntad del cowboy.  El hombre Marlboro, como Rick, colonizan el mundo fundando libertades y esparciendo el bienestar a todos.  Ese es el mensaje, esa la proyección internacional de los Estados Unidos y ese será también el sueño americano que persigan todos los migrantes al cruzar las fronteras de la muerte (llaménse Estados Unidos o Europa). 

 
En cuanto a la familia nuclear y la posibilidad de conciliarla con la liberalidad femenina, por lo menos en apariencia, la película propone la Pareja;  pesadilla y anhelo del siglo XX.  Ilsa, bella y silenciosa, obediente a su hombre pero fuerte en la pasión, es la heroína del siglo XIX que se niega a desaparecer.  Lánguida, no es un mujer de entreguerras, de pelos cortos e ideas atrevidas, sino el prototipo que encerrará a las mujeres de los 50’s en sus casas.  Cabe recordar que los años 50’s son particularmente conservadores en los Estados Unidos mucho más que los viejos 20’s y 30’s donde las mujeres experimentaron en todos los campos.  Ilsa, cubierta elegantemente, es la Mujer que los hombres modernos buscaron sin encontrar: sumisa en lo público, impetuosa y tierna en lo privado.  Y es que fue la mujer del altar pero nunca aquella con la que despertaron cada mañana.   Ilsa no es madre ni ama de casa mas la siempre glamorosa compañera, eternamente joven. 

CASABLANCA  no fue simplemente un film sino la respuesta del siglo a los ideales de progreso, razón y familia.  Tipos y prototipos que alimentaron el imaginario colectivo de los hombres de un siglo XX que se nos fue.



    

No hay comentarios:

Publicar un comentario