lunes, 22 de enero de 2018

Cine: Casablanca


CASABLANCA, 
Michael Curtis, 
EU, 1942







EL SIGLO QUE SE NOS FUE

1942, el día de acción de gracias se estrena en Nueva York una película de tintes propagandísiticos que se convertirá en un clásico del cine:  CASABLANCA.  La historia ambientada en un café, aparentemente de Casablanca (Marruecos), plantea el dilema de una mujer dividida entre la lealtad a los ideales y su pasión amorosa.  Ilsa entra al café de Rick con su marido Victor Lazlo, líder de la resistencia antinazi, en busca de unos salvoconductos que les permitirán refugiarse en los Estados Unidos y desde ahí continuar la lucha.  Pero el café de Rick no es cualquier café; su dueño, un norteamericano enigmatico, es su viejo y amoroso amante todavía dolido por el abandono.  En una ambiente de rivalidades privadas y políticas la elección de Ilsa transformará a los personajes y, profetizará el desenlace de la Guerra.
De la película se ha escrito mucho y lisonjero como afirmar que es uno de los mejores guiones de la historia fílmica.  Pero no es su guión, que de vez en vez se quiere cursi y melodramático, lo que la hace inolvidable sino su importancia en el imaginario del siglo XX.  Un siglo corto nacido de las guerras y la exacerbación de los fenómenos (todos los “ismos” del siglo XX). 




En efecto las guerras en Europa, tanto la Primera como la Segunda, destruyeron los viejos ideales decimonónicos.  Del Progreso, que llegaría con la industrialización y los bienes de consumo, sólo quedaba un olor a fuego y atomos convertidos en bombas; de la Razón, que permitía discernir entre el bien y el mal, quedaban los campos de trabajo y exterminio nazi donde escrupulosa y sistemáticamente se había planificado la muerte de hombres y pueblos y; de la Familia nuclear quedaba una liberalidad femenina muy amenazante.  Así, la idea de civilización y sus metrópolis estaban arruinadas. 

Regresemos.  Estamos en 1942, de Casablanca la ciudad marroquí ignoramos casi todo pues bajo regencia francesa, restos del imperialismo colonial, el lugar es una extensión de los conflictos europeos.  Apenas sabemos que en los mercados roban a los incautos y que existen dos cafés, el lugareño que ostenta un nombre extranjero “el blue parrot” y “el Rick’s café”.  Rememorando los cabarets y los grandes centros del naciente espectáculo norteamericano, el café de Rick es nocturno y luminoso como su dueño.  Oasis del glamour y la diversidad, recibe democráticamente a todos (siempre y cuando seas blanco europeo): Franceses, Judíos, Rusos, timadores, soldados, mujeres despechadas y simples migrantes buscando libertad.  Ciertamente el pasado quedaba atrás devastado como las ciudades, estos europeos sin embargo, huyendo de la ruina, fundaban otro siglo en otro lugar: América.  El progreso estaba en sus manos y se llamaba porvenir.

Iniciáticamente, antes del sueño se pasaba por CASABLANCA, (entiéndase el café de Rick), lugar de transición entre la vieja Europa y el porvenir americano.  Ahí se puede hacer de todo: enamorarse, jugar, beber, escuchar música negra y jazz; porque la única nacionalidad es ser “borracho”, los únicos ideales “trabajar en paz” y la única razón impartir justicia por encima de los intereses personales  (“No quiero saber qué haces en la noche, le advierte Rick al mesero después de asegurar los salarios.”).  Rick, prototipo del hombre americano, el WASP (White anglo-saxon protestant), domina el espacio a partir de una nueva racionalidad lejana al ideal ilustrado.  No es un sabio erudito rodeado de libros sino un hombre libre imponiéndose al paisaje porque la razón americana se inspira en la voluntad del cowboy.  El hombre Marlboro, como Rick, colonizan el mundo fundando libertades y esparciendo el bienestar a todos.  Ese es el mensaje, esa la proyección internacional de los Estados Unidos y ese será también el sueño americano que persigan todos los migrantes al cruzar las fronteras de la muerte (llaménse Estados Unidos o Europa). 

 
En cuanto a la familia nuclear y la posibilidad de conciliarla con la liberalidad femenina, por lo menos en apariencia, la película propone la Pareja;  pesadilla y anhelo del siglo XX.  Ilsa, bella y silenciosa, obediente a su hombre pero fuerte en la pasión, es la heroína del siglo XIX que se niega a desaparecer.  Lánguida, no es un mujer de entreguerras, de pelos cortos e ideas atrevidas, sino el prototipo que encerrará a las mujeres de los 50’s en sus casas.  Cabe recordar que los años 50’s son particularmente conservadores en los Estados Unidos mucho más que los viejos 20’s y 30’s donde las mujeres experimentaron en todos los campos.  Ilsa, cubierta elegantemente, es la Mujer que los hombres modernos buscaron sin encontrar: sumisa en lo público, impetuosa y tierna en lo privado.  Y es que fue la mujer del altar pero nunca aquella con la que despertaron cada mañana.   Ilsa no es madre ni ama de casa mas la siempre glamorosa compañera, eternamente joven. 

CASABLANCA  no fue simplemente un film sino la respuesta del siglo a los ideales de progreso, razón y familia.  Tipos y prototipos que alimentaron el imaginario colectivo de los hombres de un siglo XX que se nos fue.




CASABLANCA, 
Michael Curtis, 
EU, 1942
Humphrey Bogart e Ingrid Bergman