lunes, 25 de septiembre de 2017

CRÓNICAS MESTIZAS; #19s y 2017 Un tu 20 de septiembre

Zyanya Mariana 

 
Hombre que regresa a su casa en el metro.             
Se ve agotado por haber ayudado a salvar vidas levantando escombros en un barrio que no era el suyo.




CRÓNICAS MESTIZAS; #19s y 2017
Un tu 20 de septiembre
Había un extraño silencio esta mañana, se rompió cerca de las nueve. Ayer en la noche las ambulancias, helicópteros y sirenas no habían dejado de sonar. Salimos en la noche y, por lo menos en el sur de la ciudad, todo estaba cerrado. La ciudad se había cerrado.
En el temblor del 85 tardamos mucho tiempo en darnos cuenta de lo sucedido, en cambio, en éste estábamos preparados con teléfonos y espacio virtual. Las redes explotaron rápidamente con información y ayuda inmediata.
Hubo un simulacro a las 11:00 de la mañana y justo dos horas y 14 minutos después la tierra se movía.
Muchas cosas se revelan con un temblor de la tierra: la fragilidad del mañana y la fuerza abrumadora del hoy; la enorme solidaridad de las personas en la ciudad, la capacidad de organización pero también las malas practicas de arquitectos e ingenieros, las alarmas sísmicas que no suenan, la frivolidad de algunos, el abuso de otros.
Ayer mientras las empresas de Santa fe desalojaban a todos sus trabajadores por posibles daños estructurales en las altísimas torres, las peseras empezaron a cobrar 20 pesos, en vez de los cinco acostumbrados. Una gran mayoría bajaba el antiguo y real camino a Toluca, Vasco de Quiroga, a pie; parecía romería o procesión. Otros pocos empezaron a asaltar a los automovilistas en la puerta de Santa fe. Puedo realmente culpar a las peseras y a los asaltantes del viejo barrio de Santa fe que han sido precarizados por las políticas del gobierno que usa, desde los años 70, a los jóvenes de la zona como reserva de 'porros' para destruir movimientos estudiantiles, y hoy elimina lo poco que queda del tejido social con una carretera de doble piso?
Yo bajaba por ahí sola, así que ofrecí aventón a los que cupieran en el coche. César un chihuahuense en sistemas me platicaba que su grupo, los pisos 10 y 11 de una empresa financiera, "a los financieros les gusta estar en lo más alto, me explicó, eran unos expertos para bajar ordenadamente 11 pisos, lo habían cronometrado y logrado en tres minutos". Añadió que no fue el caso de la empresa de telefonía de lo tres primeros pisos, quienes tardaron 25 minutos en desalojar las escaleras. Otra pareja me contaba sus travesías diarias de San Jerónimo al Yaqui. Fueron una agradable compañía de tres horas. La ciudad estaba colapsada.
Al llegar a la unidad habitacional donde vivo, no nos dejaban entrar al principio, querían revisar vecinos de protección civil la profundidad y daños de las cuarteaduras. Después entramos, nada que temer pues los daños son superficiales, las columnas están bien y la gente organizándose para llevar a los puestos de acopio víveres ( agua y lámparas).
Hoy toca hacer comida para los rescatistas, llevar víveres y repensarnos como sociedad, repensar la fuerza abrumadora del hoy.
ZM