domingo, 13 de julio de 2014

César Tort, La culpa es de la Cantata; LO QUE PASA EN LA CAMA PASA EN LA PLAZA,



Zyanya Mariana


... Por esto en la música de Tort—y no sólo en La Cantata; en El orador su héroe es Dios—se enfrentan y combaten de continuo, sin tregua, sin cuartel, la materia y el espíritu. ¡Ah!, pero su propia lucha los funde en una sola cosa, en una sola entidad inesperada—más allá de todo artista, pero siempre inexorable—: esa cosa única, torturante y creadora que es el demonio. El demonio doliente y esperanzado de la vida. Porque si algo creó a alguien, el hombre no puede ser sino el demonio. De aquí la religiosidad de Tort como heroísmo. En todos los sentidos. Su música no sólo respira la vida sino que la reparte. 



 
César Tort, compositor mexicano
Foto: Archivo Sipse


LO QUE PASA EN LA CAMA PASA EN LA PLAZA;
César Tort, La culpa es de la Cantata 
(1era parte)


ENTRE NIÑOS Y PARTITURAS
“Mire usted, hacía años que yo pensaba que tenía que esforzarme para que mis obras sinfónicas volvieran a tocarse. Pero Artene me entretenía bastante. Compuse música para niños, desde bebitos hasta sexto año de primaria. Pero llegó un momento en que lo que hice para los niños virtualmente lo terminé." 
Habla el maestro César Tort, compositor poblano, quien me recibe, entre partituras en el estudio de su casa en Tlalpan. Recuerda, habla pausadamente. Al fondo se escucha un recital; es el concierto de instrumento de los alumnos del Instituto y un público de papás. 
El maestro evoca: “Se sumerge uno en ese mundo y se olvidan otras cuestiones. Y no es que se le olvide pero a uno no le queda tiempo. Yo tenía todo mi tiempo para los niños. Un taller en el Conservatorio, otro en la Nacional y Artene, para que yo tuviera niños de más pequeña edad.”

Ese mismo año otro poblano,
Héctor Azar, fundaría,
también en la villa de Coyoacán,
el Centro de Arte Dramático, CADAC;
otorgándole al barrio el carácter cultural
que goza hasta el día de hoy .
Dedicado a la enseñanza musical para niños, César Tort funda en 1967 el Taller de pedagogía Musical Infantil en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Dos años después, en 1969, el Centro de iniciación Musical en el Conservatorio Nacional de Música y en 1974, en Coyoacán, el Instituto Artene. 


Bartók (1881-1945), Kodaly (1882-1967), Dalcroze (1865-1950),
Martinot (1898-1980) y Orff (1895-1985)


Más allá de los talleres infantiles, la música exige una pedagogía precisa y sutil. Por ello, y siguiendo la tradición europea de grandes creadores de métodos musicales y compositores-pedagogos como Béla Bartók y su Microcosmos, el también húngaro Soltán Kodaly y el alemán Karl Orff o los hallazgos de Émiles Jacques Dalcroze y de Maurice Martenot, por sólo nombrar algunos-, César Tort dedicó 35 años de investigación la creación de un método infantil inspirado en el folclor mexicano. En él los ritmos y la alegría costeña de Chiapas y Veracruz se mezclan con el folclor de la meseta Purépecha del estado de Michoacán y la lírica tradicional infantil.

“Pero volví a pensar en mi música, recuerda y añade: Entonces me dije, ya no tengo que estar entregando informes en la UNAM, voy a acabar mi Oratorio. Lo retomé en el 2004 y lo terminé en el 2010. Es una cosa muy ambiciosa, muy pesada, muy larga. sucedió algo. A fines del año pasado me reestrenaron una obra sinfónica La Espada."


LA ESPADA, CANTATA A MORELOS
José María Morelos Y Pavón (1765-1815)
Sentimientos de la Nación, 1813
En diciembre de 1965, en el marco de las fiestas conmemorativas al bicentenario del general Morelos y Pavón (septiembre 30 de 1765), Tort estrenó La Espada, Cantata a Morelos en el Palacio de las Bellas Artes. En aquel entonces la dirigió, el hoy casi centenario, Luis Herrera de la Fuente (1916), al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional. Fue un evento importante de la época al que acudió el presidente de la República. Cuentan que para la narración fue elegido el actor José Gálvez pero este, quizás por nervios, olvidó una línea. El hecho enfureció a Herrera de la Fuente quién lo sacó de la temporada y le pidió al propio Pellicer que declamara su poema Tempestad y calma en honor de Morelos



Carlos Pellicer (1897-1977)

En su estudio el maestro Tort recuerda: "Cuando la Secretaria de Educación Pública me dió el encargo, Pellicer estaba escéptico, muy amable pero escéptico", el maestro repite la palabra como si al repetirla rememorara los obstáculos de aquella época.  
Mauricio Magdaleno Cardona
(1906-1986), novelista, dramaturgo y
ensayista. Trabajó como Guionista
en el equipo del Indio Fernández 

Yo era muy joven y no me conocían mucho todavía como compositor. Mauricio Magdaleno, un novelista que tiene unas obras extraordinarias. Él estaba de subsecretario de cultura, así que a través de él me dieron el encargo de la Cantata. Silvestre Revueltas, otro escritor muy bueno, trabajaba ahí y le dijeron que tenía que hacer una semblanza porque me iban a incluir en la programación." 


José Revueltas, proveniente de una familia de ilustres artistas, es uno de los mejores escritores mexicanos del siglo XX. Paz añadía a su talento literario su bondad: "era el hombre más puro de México" y de su vida Monsiváis la comparaba a la de sus personajes pero haciendo de él "probablemente el más poderoso". Al respecto César Tort menciona: "Pepe Revueltas impuso escuchar la pieza antes de escribir. Me acuerdo que decía: Yo no escribo nada, hasta no escucharla en los ensayos. Cómo voy a hablar de una obra que nunca he escuchadoAsí era, muy sensible Pepe Revueltas, concluye el maestro." 

José Revueltas (1914-1976),
uno de los mejores escritores
de la Generación del 14 
Luego evoca otra imagen: "Pepe Revueltas, estuvo ahí en los ensayos con Pellicer y Mauricio Magdaleno. Entonces se dieron cuenta que podía tener éxito el estreno. Ellos estaban felices porque iba a ir el presidente con el cuerpo diplomático." Después sonríe y añade: "El éxito fue extraordinario."

Ante la imagen del éxito pasado de la Cantata el maestro apunta: "Sabe, frecuentemente no se miden mucho las consecuencias, entiende usted. Por ejemplo dicen que cuando Verdi estrenó la Traviata, esa obra donde una mujer muere en su cama amando. Dicen que el éxito fue tremendo y él ni cuenta se dió. Yo creo que eso pasa. Se estrenó la obra y fue una sorpresa muy grande. Yo no lo esperaba, dice y añade: "Pellicer  ya no me bajó de maestro, el joven maestro y así me presentaba. Me invitó a su casa de aquí, a la de Tepoztlán, dónde escribió esa poesía. Y siempre así, no me bajaba de joven maestro. Mauricio Magdaleno también se apantalló, Pepe revueltas se volvió mi amigo, un hombre extraordinario Pepe Revueltas, entiende usted.  Era comunista, pero un comunista ejemplar, nunca peleaba con nadie, era incapaz de insultar en las platicas, nunca le oí hablar mal de nadie. Aunque padeció muchísimo en el 68. Por poco y los matan, eso quería el Ordaz ese, quería hacerlo, se salvaron por un pelo."


Manuel Marcué Padilla, José Revueltas, Elí de Gortari y Carlos Sevilla
De la familia Revueltas Sánchez, doce hermanos,
Fermín y Silvestre compartieron con José el fervor revolucionario


El movimiento social del 68 que terminaría con la matanza de Tlatelolco, inició como un incidente entre pandillas estudiantiles. Un 22 de Julio se enfrentaron “Los ciudadelos” y “Los arañas”, frente a la preparatoria Isaac Ochoterena, a raíz de un partido de fútbol americano entre las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional (IPN). 

Cartel estudiantil del 68

La respuesta del Estado a la trifulca juvenil fue desproporcionada, muy pronto el incidente se convirtió en un movimiento estudiantil con base en un pliego petitorio al que se le unieron influyentes intelectuales de izquierda. Al respecto el maestro recuerda:   "Había ahí un grupo de comunistas prominentes. Estaban Elí de Gortari, comunista prominente; Heberto Castillo, comunista prominente y maestro de la Universidad y Pepe. Los metieron a la cárcel en una crujía especial, pero no tuvieron nada que ver con los estudiantes, porque los estudiantes no quisieron. Incluso algunos querían subir, otros no. Estaba en el pliego petitorio que fue muy famoso y decía que era un movimiento de estudiantes y querían la libertad de estas gentes que encerraron. Destruyeron con una bazuka una puerta colonial y luego mataron gente. Después vino algo peor, la matanza de Tlatelolco. Y ahí sí, los estudiantes se replegaron, ya no volvieron a hacer nada. Aquello fue horrible."



El director Luis Herrera de la Fuente y la Orquesta Sinfónica Nacional, 1970


La imagen del 68 se diluye y aparece otra: "Sabe de qué me acuerdo de como la dirigió Herrera de la Fuente. Él se emocionó y eso me sorprendió más que el propio estreno. Porque Herrera de la Fuente era muy tranquilito, calmado. Pero en su estreno se movió tanto. Por aquí, por allá para dar las entradas, que mire el sudor; yo me acuerdo muy bien que el sudor le saltaba de la frente. Estaba emocionadísimo, nunca me dijo nada. Era un tipo seco no mas que en el podio ya no era eso. Eduardo Mata en cambio, él si era más emotivo. Hablaba, se comunicaba y formidable en el podio. En el estreno Mata estaba muy emocionado." 


Eduardo Mata Asiain (1942-1995)


En 1967, Eduardo Mata (1942-1995), siendo Director del Departamento de música de la UNAM y de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara, se llevó la cantata para conmemorar el centenario del Teatro Degollado. "Luego ya no se tocó para nada", explica el maestro Tort. 
50 años después, un sábado 22 de junio del 2013 en la Sala Nezahualcoyotl, volvió a escucharse la Cantata bajo la dirección de José Guadalupe Flores, director huésped de la Filarmónica de la UNAM. Le acompañaron cuatro coros ensamblados, 160 voces coordinadas por el maestro Germán Tort y para el poema de Carlos Pellicer, la narración de Emilio Echevarría.


LA PROVIDENCIA
"El reestreno tuvo algo de extraño, de favorable a uno, entiende usted. Como si la Providencia me hubiera ayudado. Esto se lo dije incluso a Carmelita Aristegui que me entrevistó y abrió los ojos. Aquí está la mano de alguien más porque después de tantos años no se puede estrenar con tanta facilidad, se olvidan de uno, bueno como compositor.” Después explica: “Miré usted yo estaba haciendo el Oratorio. Este requiere tanta cosa, un patrocinio, varios solistas, un coro y una orquesta grande; entonces pensé: por qué no reestreno una obra mía y eso empuja lo otro. Tomé el teléfono y hablé a Querétaro al director de Orquesta Flores. Yo lo había escuchada en varios lugares y me gustaba mucho su dirección. Ya ni se acordaba de mi:"Ah Tort, es el que se dedica a los niños?", me dijo. Bueno sí, le respondí, pero tengo obras sinfónicas. Mire maestro quiero que venga porque a lo mejor usted me puede estrenar una obra. Y vino, y nos fuimos a cenar y le llevé la grabación del estreno con Luis Herrera de la Fuente.”



"El maestro Flores se llevó la grabación y a los dos día me habla y me dice: Maestro la vamos a poner, ya le hablé a Treviño, y le hicimos cancha y como soy director invitado la vamos a poner." 


David Rodríguez de la Peña,
"niño chiquito", actual director del
Conservatorio Nacional de Música,
INBA; y alumno de César Tort
Continúa con su explicación: "Así que fue sencillo. Pero verá, a ese concierto asistió el Director de la Escuela Nacional de Música, el maestro Francisco José Viesca Treviño que yo no conocía; el director del conservatorio David Rodríguez de la Peña, que yo no conocía y la directora de la Ollin Yoliztli a quien sí conocía. Al terminar me fueron a felicitar y uno de ellos me dijo: Yo fui alumno de usted cuando era niñito en el conservatorio, me puso el apodo de "niño chiquito", porque mis pies no llegaban al suelo. Ahora soy director del Conservatorio Nacional de Música y me gustó mucho el trabajo de su hijo Germán."

Los maestros César Tort y David Rodríguez de la Peña
en la Conferencia-concierto
en el Conservatorio Nacional de Música,
mayo 21 y 2014
Germán Tort, Director general del Instituto Artene, con estudios  sobre dirección de orquesta, coros y experiencia coral en Europa, Estados Unidos y México, fue el encargado de montar y ensamblar los cuatro coros de la Cantata

"Eso le facilitó mucho las cosas al director, explica el maestro. Pero no sólo eso, verá a los tres o cuatro días le llamó a mi hijo el Director del Conservatorio y le dijo: Germán me gustó mucho tu trabajo coral. Vas a poner aquí el método de tu papá, vas a dirigir los coros de grandes y te vas a hacer cargo también del ensamble de la orquesta del conservatorio.
Homenaje a César Tort
"Niños músicos de Artene" en
La Escuela Nacional de Música, UNAM,
y el Director Francisco José Viesca Treviño
mayo 7 y 2014
Y claro que no paró allí la cosa. El director de la Escuela Nacional de Música, él no fue mi alumno y yo no lo conocía para nada, pero me contó que de joven cuando estudiaba en la Nacional mi trabajo en la escuela fue muy famoso porque yo tenía detractores muy fuertes y gente que me apoyaba mucho, entre ellos el rector Javier Barros. "Su nombre, me dijo, andaba en boca de muchas personas. Ahora voy a invitar a los niños de Artene y a usted a la Nacional, pues tiene muchos años de no pisar la escuela." 

Después de un incidente con el director de la época, César Tort dejó la escuela Nacional de Música y se trasladó al área de humanidades en la UNAM. "Fue una cosa muy fea", recuerda. Resentido por los hechos no volvió a pisar la escuela hasta su homenaje en mayo del 2014: "Perdí a los niños, recuerda, pero no me preocupó gran cosa porque seguí trabajando con ellos en Artene." 

La lista providencial que trajo el reestreno de la Cantata no se termina y el maestro añade: "Pero se abrieron más cosas. Mire siempre estuvimos tras las autoridades de Bellas Artes para que los niños dieran ahí su concierto de aniversario, queríamos integrarnos al programa. Nunca se había podido pero uno de los meros meros de Bellas Artes estuvo en la Cantata. Mi señora se aprovechó y le pidió una cita: "Como no maestra", ella lo fue a ver y le dieron la fecha en Julio para los niños. Todo esto se debió a la Cantata. Fue el reestreno lo que ocasionó cosas inesperadas. Por eso digo que hay algo raro. Incluso recordé, ya lo había olvidado, que cuando se estrenó mundialmente tuvo mucho éxito. Todo eso lo olvidé y ahora con todo esto lo vuelvo a recordar."




César Tort en su estudio

  

Fin de la Primera parte

martes, 1 de julio de 2014

45.- Antología poética; Carlos & Zyanya; Apostillas a José Emilio Pacheco, traductor


No leemos a otros, 
nos leemos en ellos
José Emilio Pacheco


José Emilio Pacheco, 1978
Foto:Rogelio Cuellar
Archivo Proceso



En memoria al natalicio de José Emilio Pacheco, un 30 de junio de 1939, reproducimos en esta entrada un ensayo del maestro Pacheco acerca de T.S. Eliot. Eliot nunca quiso vincular su obra con sus textos, se negó a las biografías. Quizás se deba a sus historias tormentosas y calvinistas de amor, entre ellas la que tuvo con Vivianne Haigh-Wood.  
El ensayo apareció originalmente en enero de 1999 en la sección Convivio de la Revista Letras Libres, donde también se publicaron sus traducciones a los cuartetos de Eliot. Añado una serie de fotos, la mayoría tomadas por la aristócrata y mecenas Ottoline Morrel.



LA TRAICIÓN DE T.S. ELIOT


1.-

En la cabina del avión hay un televisor por cada doce asientos. Es una variante posmoderna de lo que llamaron “la puesta en abismo”: 25 pantallas trasmiten al mismo tiempo escenas íntimas de la vida conyugal de T.S. Eliot, el más discreto y reservado de los poetas. Se trata de Tom and Viv, la película que narra sus desventurados amores con Vivienne Haigh-Wood.




2.-
Se fija una placa en 3, Kesington Court Gardens donde Eliot vivió sus últimos años. Es septiembre de 1986. Ted Hughes lee el discurso y lo exalta “no sólo como uno de los verdaderos grandes sino llana y simplemente el poeta de nuestro tiempo..., el supremo maestro en todas las lenguas, en todas las culturas, sobre todo por la corona de su esfuerzo poético: Cuatro cuartetos”.


3.-
1956: Catorce mil personas se congregan en el estadio de la Universidad de Minessota para escuchar su conferencia sobre “Las fronteras de la crítica”. 1958: Italia le otorga un doctorado. En las calles de Roma multitudes corean su nombre.


4.-
Muerto el poeta, Cats, la comedia musical basada en Old Possums Book of Practical Cats, le da el triunfo en el teatro popular que buscó siempre. En las cadenas que expenden libros en los centros comerciales del mundo anglosajón apenas hay lugar para la poesía. Sin embargo se encontrarán en todas ellas The Waste Land y Four Quartets. No pasa un año sin que sus versos se empleen como títulos de libros. Todos los días son citados en editoriales y comentarios de televisión. Algunos llevan tiempo en la lengua diaria: “Abril es el mes más cruel”. “El género humano no puede soportar un exceso de realidad”. Nada sabemos acerca de los gustos y exigencias que traerán las diversas posteridades del siglo XXI. Por ahora, a 34 años de su muerte, el sitio de Eliot como “clásico” de nuestro tiempo se diría más firme que nunca. Escribe Zbigniew Herbert: No mucho permanecerá de verdad no mucho de la poesía de este siglo enfermo ciertamente Rilke, Eliot, algunos otros grandes chamanes que supieron el secreto de conjurar una forma con palabras que resisten la acción del tiempo porque sin esa forma no hay frase digna de recuerdo y el lenguaje se vuelve como arena. 


T S Eliot photografiado por su amiga y mecenas Ottoline Morrell
Foto: National Portrait Gallery
Los antiguos quisieron igualarse con los dioses y llamaron “creación” al hacer “arte” y “gloria” a la fama. En el siglo que expira la “gloria” fue reemplazada por la “celebridad”. Entre las multitudes de Roma y el estadio, entre los espectadores de Cats y Tom and Viv, pocos habrán leído a Eliot. Hacerlo ya no es requisito para nuestra familiaridad con su vida y su obra. En un renovado pacto fáustico con el demonio o la “diosa perra” del éxito, el precio de haber sido célebre es la inmolación de la intimidad en los altares del tabloide. Hay tabloides de masas y de elite (las biografías universitarias y las revistas “cultas”). El resultado es siempre el mismo. Antes el escritor famoso entraba al morir en lo que llamaron, otra vez con términos teológicos, el “purgatorio”. Si su obra tenía la fuerza de inspirar lecturas diferentes en generaciones cuyos gustos y exigencias el muerto no pudo calcular, salía de este “purgatorio” y llegaba al “paraíso” en que para siempre los coros de los ángeles (críticos y lectores) entonarían su alabanza. Hoy a la celebridad sucede el infierno tabloidal. Todos somos culpables porque todos somos ávidos consumidores de sus productos. Las justificaciones varían: queremos indagar cuáles condiciones históricas e íntimas hicieron posibles las obras maestras. No sabemos nada de nadie, ni siquiera de nosotros mismos; el escrutinio nos permite conocer a un muerto como jamás conoceremos a los vivos que nos rodean. Su “celebridad” aplasta nuestro anonimato: qué goce de sentirnos superiores nos da el recuento de sus miserias humanas. tercer tomo de The Bourgeois Experience: Victoria to Freud, Peter Gay examina el humor como agresión defensiva, basada en la idea de la propia superioridad, que se origina en ocultas inseguridades aterradoras. Burlarse de los otros es quemar incienso en las aras maltrechas de nuestro ego. Nada describe mejor nuestra actitud ante el revisionismo póstumo, una de las más florecientes industrias culturales. El tipo actual de biografía académica que pretende decirlo todo y poner en letra impresa lo que hasta ayer sólo se escuchaba en conversaciones privadas, es un acto de agresión. Sus lectores no tenemos vergüenza. Nada, escribe Alan Lighmart, nos fascina tanto como las debilidades de nuestros héroes.

Vivien Eliot fotografiada por Ottoline Morrell

Cada año se publican decenas de libros y centenares de artículos en torno a Eliot. Entre ellos, dos han documentado sus aspectos más desagradables: T.S. Eliot Anti-Semitism and Literary Form, de Anthony Julius (1995), y “T. S. Eliot at 101: The Man who Suffers and the Mind which Creates”, en Fame & Folly, de Cynthia Ozick (1996). Julius, que además fue el abogado de la princesa Diana, es un gran admirador literario de Eliot. De allí la fuerza de un estudio que muestra cómo puso el antisemitismo al servicio de su arte. Cynthia Ozick relaciona la cólera de su autor en After Strange Gods (1934) contra el liberalismo, Pound, Lawrence, los “judíos librepensadores” y los Estados Unidos bajo “la invasión de razas extranjeras” (los monstruos que aterraron a H.P. Lovecraft en las calles de Nueva York e inspiraron sus mitos de Ctulhu) con las relaciones amorosas de Eliot. La biografía permite interpretar –descodificar– los poemas: exactamente lo que trató de impedir Eliot con su formulación teórica del “objetivo-correlativo”. Thomas Stearns Eliot, el crítico más importante de habla inglesa, según Edmund Wilson, el dictador del gusto literario que por más de 30 años impuso su canon en universidades y revistas y estableció el dogma de la New Criticism (un poema debe ser leído en sí mismo y por sí mismo, no a la luz de la biografía, la historia ni la psicología), creyó ser un clasicista pero es un romántico: subjetivo, angustiado, místico, lírico. De acuerdo con Harold Bloom, no deriva de Dante y John Donne, como él creyó, sino de Tennyson y Whitman.


Vivianne haigh-Wood, Peter Stainer y Mildred Woodruff
Fotografía de Lady Ottoline Morrel, 1921

Eliot prohibió en su testamento que se escribieran biografías. Con todo, en 1984 apareció la de Peter Ackroyd (Tedi López Mills la tradujo para el Fondo de Cultura Económica) y en 1977 Lyndall Gordon inició con Eliots Early Years (El joven T.S. Eliot en la versión de Jorge Aguilar Mora, Breviarios, 1989) la tarea culminada en Eliots New Life (1988) que aún, hasta donde sabemos, no existe en español. Cristopher Ricks publicó en 1996 Inventions of the March Hare. Poems 1909-1917 (la misma Tedi López Mills ha traducido algunos de estos poemas en Acta poética, 27, otoño 1997). Provienen en su mayor parte de un cuaderno que en 1922 Eliot vendió en 140 dólares, junto con el manuscrito de The Waste Land, al coleccionista John Quinn. Veinte años atrás habían aparecido los Poems Written in Early Youth (Luis Miguel Aguilar tradujo algunos en Nexos, 35, noviembre de 1980.) Así, al terminar el siglo, tenemos la posibilidad de acercarnos a un Eliot del que sus contemporáneos no pudieron saber. Lo extraño es que entre tanta bibliografía no se hayan hecho en inglés unas obras de Eliot ni una compilación de sus ensayos dispersos. No hay en Inglaterra ni en Estados Unidos unas Opere 1904-1962 como las que Roberto Sanesi reunió en dos tomos (Classici Bompiani, Milán, 1992-1993). Mientras tanto el segundo tomo de Lyndall Gordon descubre la existencia de Emily Hale, la mujer más importante, aun por encima de Vivienne, en la obra de Eliot. Eliots New Life traza una de las historias de amor más extrañas y desventuradas de nuestro siglo. Lo privado y lo público se mezclan. Para su autor The Waste Land fue "sólo el desahogo de un rencor personal contra la vida". En cambio, dice Alfred Kazin (An American Procession), la época rindió a Eliot el homenaje de verse representada a sí misma en el poema que ha llegado a simbolizar el fracaso humano de la civilización moderna.

Lady Ottoline Morrel 
Foto Aldof de Meyer, 1912


T.S. Eliot nació en San Luis Misuri en 1888, año en que llegaron al mundo Fernando Pessoa, Giuseppe Ungaretti, Ana Ajmátova y nuestro Ramón López Velarde. No hay en la poesía de este país un autor de lengua inglesa tan influyente como Eliot. (Guillermo Sheridan marca el recorrido en “Momentos mexicanos de Eliot”, La Gaceta 213, septiembre de 1988.) Ian Gibson en su biografía de Lorca cuenta cómo el autor del Romancero gitano quedó impresionado por La tierra baldía en la versión de su amigo Ángel Flores y Los hombres huecos traducido por León Felipe. The Waste Land le descubrió la ciudad moderna como tema al autor de Poeta en Nueva York y el título hizo que le pusiera Yerma al drama en que García Lorca estaba pensando. Paz anota en “El camino de la pasión” (Cuadrivio): “Eliot comienza donde termina López Velarde”. En otro número de La Gaceta Julio Hubard precisó las analogías entre los amores platónicos de Eliot y las pasiones inconsumadas de López Velarde. En 1944 Rodolfo Usigli tuvo el valor de visitar a Eliot en el Londres sometido a los bombardeos nazis. Llegó de noche a su oficina en Faber & Faber, le leyó Corona de sombras, traducida sobre la marcha, y le habló de López Velarde. Entre otras cosas, Eliot era también un hombre de infinita generosidad, capaz de ayudar a los poetas jóvenes como W. H. Auden y Ted Hughes, de financiar sin que ellos lo supieran a escritores en apuros y de escuchar la lectura de un mexicano para él desconocido –aunque Usigli había hecho la mejor traducción de “The Love Song of J. Alfred Paufrock” en Taller (1940) y el primer texto en español sobre Cuatro cuartetos en El hijo pródigo (1943). Eliot conocía bien el italiano pero su amigo y traductor fue Eugenio Montale, no Ungaretti. Pasó algunas vacaciones en la España de Franco y en el Portugal de Oliveira Salazar (tan parecido a él en algunos monásticos aspectos). Despreciaba la cultura ibérica y nunca se le hubiera ocurrido leer a Pessoa ni a Lorca, ya no digamos a López Velarde. La poesía rusa debe de haberle sido indiferente. A pesar de todo, el propio Sheridan encontró en The Criterion, la revista de Eliot, una mención favorable al grupo mexicano de “Contemporáneos” –al parecer escrita por J.B.



Trend, el hispanista de Oxford, amigo de Alfonso Reyes– y en sus páginas hubo colaboradores españoles, sobre todo Ortega y Gasset y Ramón Gómez de la Serna. Hay otro dato estremecedor acerca de 1888: fue el año de Jack the Ripper. Más de un siglo después sus crímenes siguen sin esclarecerse. Del uno de agosto al nueve de noviembre de 1888, “Jack” asesinó y descuartizó a Martha Trabam, Polly Nichols, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly, prostitutas del sombrío East End de Londres. Con él empezó el asesino en serie (siempre de mujeres) que con el Tratado de Libre Comercio llegó a México igual que pizzas y hamburguesas y hoy sigue dejando su estela de horror en Ciudad Juárez. Dos años antes (1886), el Destripador había surgido en la literatura: es el Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson que pugna por salir del interior de cada Dr. Jekyll. Al terror puritano hacia el cuerpo, y a su correspondiente fascinación, les debemos los asesinos de mujeres, la pornografía dura, el informe Starr, la comida saludable, las dietas, la exaltación primero y después la prohibición de fumar, el haber establecido la única sociedad en toda la historia en que es posible comer de todo y en la que ya nadie puede comer nada porque engorda o produce cáncer, las clínicas de belleza, el culto del deporte, la cirugía plástica, los Corn Flakes (inventados como antídoto de la lujuria), así como también el uso de los desodorantes y la maravillosa costumbre del baño diario. Asimismo debemos acreditarle la gran poesía de T.S. Eliot y su desastrosa (excepto al final) relación con las mujeres.


Eliot, Virginia Woolf y en la esquina Vivienne Haigh Eliot, 1932
Foto del album Monk's house, casa de los Woolf


Los Eliot son una familia Wasp entre los Wasp. Blancos, anglosajones, protestantes, tuvieron su fundador en Andrew Eliot que hacia 1669 emigró de East Coker a Salem en Nueva Inglaterra. Se dice que fue juez en el proceso de las "brujas" de Salem y que vivió lleno de arrepentimiento por haber condenado a unas muchachas inocentes. Su abuelo, William Greenleaf Eliot, a quien Emerson llamó "el santo del oeste", fundó en San Luis la Universidad de Washington y propagó por toda la frontera las creencias de la Iglesia Unitaria. Persiguió el alcohol, fue partidario de dar el voto a las mujeres, formuló un código de conducta que mejorara el destino humano y sirviera a la comunidad mediante el cumplimiento escrupuloso de los deberes cotidianos, no reñido con el hacer buenos negocios. Los unitarios niegan la Santísima Trinidad. Confían en nuestra bondad esencial y creen en un Dios paternal, no en el Jehová iracundo y vengativo del Antiguo Testamento. Tienen fe en el progreso y aspiran a llevar una vida virtuosa, útil y desinteresada. El reverendo era un genio de las finanzas. Su hijo, Henry Ware Eliot, vivió a la sombra del triunfador. Se dedicó a fabricar ladrillos. Amaba las artes y dibujaba gatos. Odiaba el sexo al punto de afirmar que prefería la castración de sus hijos a verlos sumidos en la concupiscencia. Esperaba que nunca hubiera cura para la sífilis, castigo divino contra los pecados del cuerpo. La madre, Charlotte Champe Eliot, escribió poemas religiosos y un drama en verso acerca de Savonarola. Sintió que había fracasado al no poder seguir con sus estudios universitarios ni lograr en la literatura el éxito que esperaba. No fue culpa suya: tuvo siete hijos. Tom nació el último. Vivió en una casa elegante en un barrio venido a menos entre el gran río Mississipi y su puerto. En la infancia de Eliot San Luis Misuri era la capital del ragtime. A unos metros de la casa puritana estaban los burdeles de negros. El oído del niño se formó escuchando, de lejos pero en vivo, la música incomparable de Scott Joplin, tocada al piano por su mismo autor. (Eric Sigg: "A Product of America", in The Cambridge Companion to T.S.E., 1994.) Ya adulto, en la intimidad, Eliot nunca dejó de cantar canciones de music-hall y Negro spirituals. El ragtime tiene al menos una mención en La tierra baldía donde Eliot lo califica de shakesperiano. La música de los Cuatro cuartetos es el equivalente verbal de Joplin. Así lo vio nadie menos que Marshall MacLuhan (¿alguien recuerda que el profeta de los medios fue ante todo un crítico literario?) para quien, en los Cuartetos, "la sintaxis se vuelve música, como en la Mariana de Tennyson".






Eliot llegó a Harvard, la universidad de la que era presidente un tío suyo, con el propósito de convertirse en profesor de filosofía. Los Estados Unidos imperiales y post 1898 ya no estaban dominados por puritanos como los Eliot sino por los "barones ladrones" de la industria y las primeras transnacionales. Al caos del siglo veinte, Eliot desde muy joven quiso imponer una unidad basada, como en la edad media, en el cristianismo, la autoridad del rey y la uniformidad étnica. Al mismo tiempo el desorden lo atraía. Le gustaban los barrios bajos, las cantinas y los burdeles, si bien preservó su virginidad hasta que Vivienne lo despojó de ella. Para romper con su timidez tomó clases de baile. De ellas salía con una joven que pronto iba a ser la madre de William Burroughs, gurú contracultural de la droga. Pasaban por una tienda en la que había un cartel: "Usted consiga la novia. Nosotros le daremos todo lo demás". El dueño se llamaba Prufrock. Su infancia lo marcó con la incapacidad de gozar hasta de los placeres más inocentes. Ya liberado de la familia, le gustó comer, beber y fumar, lo último con resultados desastrosos para sus bronquios. Como Darío, Nervo y López Velarde, estaba escindido entre alma y cuerpo: entre el temor real del infierno "y la carne que tienta con sus frescos racimos". Tienta: la mujer es culpable porque su cuerpo atrae con la promesa de infinitos placeres al inocente que, si cae en la trampa, vivirá la eternidad entre no menos infinitos tormentos. Jack the Ripper, el reverendo Eliot, la madre beata y el padre castrador se unen en la imaginación para sugerir el castigo de la diabólica a manos del puritano. En un poema atroz de los recién descubiertos, The Love Song of St. Sebastian", el icono del masoquismo, acribillado de flechas, se mezcla con la mujer torturada por tentadora. Con la cabeza de la muchacha entre sus rodillas el hablante del poema le dice: "Me amarás porque debía estrangularte / Y a causa de mi infamia; / Y debo amarte porque te he desfigurado / Y porque ya no eres hermosa / Para nadie más que para mí". En Sweeney Agonistes Sweeney le cuenta a Doris que ella será la misionera y él se convertirá en el caníbal: "Te engulliré... Te convertiré en un estofado. / Un finito, palidito estofado de misionera". Porque la vida toda se reduce a "nacer, copular y morir". (traducción de José Luis Rivas, Poesía completa, 1990).



Eliot huye de San Luis, de Harvard, de los Estados Unidos, de sus padres, de su opaco destino como profesor de filosofía. En Londres se encuentra con Ezra Pound y Pound lo convence de que "La canción de amor de J. Alfred Prufrock" hace de Eliot el mejor poeta joven de su lengua. Su porvenir está en la poesía y no en la aridez de una carrera académica en el país bárbaro y nuevo en que nacieron y que no tiene ni tendrá nunca el refinamiento de 25 siglos de cultura europea. También se topa con la mujer nueva en la persona de Vivienne. Descubre el sexo a los 26 años. El placer lo satisface y horroriza. 

T.S.Eliot y Virginia Woolf,
Foto de Lady Ottoline Morrel, junio 1924


Vivienne no es virgen, ya sólo Eliot lo es en un mundo transfigurado por la Bella Época y la Gran Guerra. Por tanto, Vivienne es "mala" como las mujeres de otro color que escuchaban ragtime a orillas del gran río. Sí: Vivienne es "mala". Lo demuestra acostándose con el benefactor de ambos, Bertrand Russell, aunque sólo una vez y en lo que para ellos dos (y desde luego para Eliot) resulta una experiencia desastrosa. Vivienne es inteligente, tiene talento literario y su vivacidad desconcierta a quienes sus amigos llamarán, como a su abuelo, el Reverendo Eliot. Pasado el fugaz éxtasis sexual, el matrimonio se vuelve infierno en vida para Tom y Viv. A pesar de sus problemas personales, o gracias a ellos, Eliot se convierte en el autor de La tierra baldía (1922) -que es para Pound "la justificación del movimiento moderno"- y en el crítico dominante que impone un nuevo orden a las letras inglesas. Tragedia del amor, tragedia de la amistad: en 1971 sale a la luz el manuscrito de The Waste Land y revela que en justicia debía estar firmado también por Pound (como los tomos segundo y tercero de El capital deberían llevar el nombre de su coautor Engels). Pound convirtió un texto informe en un gran poema. Sus notas al margen son un modelo de inteligencia crítica. Suprime por ejemplo todo un pasaje y le dice: "No intentes parodiar a Pope si no puedes escribir pareados (heroic couplets) tan buenos como los suyos." Desgraciadamente el maestro no puede hacer por su propia obra lo que hizo por el manuscrito de su discípulo. Eliot ocupa el altísimo sitio que el mentor generoso de tantos escritores soñó para sí mismo. Pound se aleja de Inglaterra (escapa de Eliot) e inicia un camino que lo llevará a las trasmisiones fascistas por Radio Roma (tan incoherentes que Mussolini temió que estuviera pasando información en clave a los aliados), la jaula en el campo de prisioneros en Pisa, los cargos de alta traición, el manicomio en Washington, los años finales de doloroso silencio en Italia. Y la condena final del hombre a quien hizo poeta: en una carta de los años cincuenta a F.R. Leavis, Eliot elogia una vez más el oído maravilloso de Pound pero encuentra la obra de su vida, los Cantos, "bastante áridos y deprimentes". 

Ezra Pound, 1913
Foto Alvin Langdon Coburn

El matrimonio de Eliot se resume en 18 años de sufrimiento incesante. Vivienne se enferma de todo y por todo. Se hunde en el resentimiento y la mala voluntad. Le recetan morfina para aliviar sus dolores y se vuelve adicta. Clínicas en el campo, en Francia, en Suiza. Todo empeora. La voz angustiada y angustiosa de Vivienne se escucha en La tierra baldía y en los Cuatro cuartetos es "la sombra que solloza en la danza fúnebre, / el sonoro lamento de la quimera desolada." Eliot se avergüenza de ella. En 1933 huye al país natal y ordena a sus abogados que le presenten una carta de separación. Vive, dice Cynthia Ozick, "como un prisionero, un penitente, un flagelante". Se ha convertido al anglicanismo y se refugia en una casa cural, entre sacerdotes célibes, en penitencia, en sufrimiento, en aislamiento. Oculta su dirección a Vivienne. Ella se acerca a él en una conferencia y él la desprecia en público y le da la espalda. En 1938 es encerrada en un manicomio. ¿Por Eliot, por el hermano o por la madre de Vivienne? No se sabe con certeza. El caso es que Eliot nunca la visitó en su prisión.
Allí Vivienne penó diez años hasta su muerte en 1948. 

Emily Hale


Si el sexo es maldad y el placer lleva al sufrimiento sólo queda un recurso para Eliot: la “donna angelicata”, la musa incontaminada, la virgen purísima de sus años juveniles, la inocencia norteamericana que, como en un cuento de Henry James, se opone a la perversión europea: Emily Hale, la hija de un reverendo unitario de Boston, dos años menor que el poeta. Eliot la conoció en casa de su prima Eleanor Hinckley y con ella hizo algunas representaciones de aficionados. No había “noviazgo” en el antiguo sentido mexicano ni mucho menos “dating” en la acepción actual. La única relación posible era con la “fiançée”, la prometida. Dentro del matrimonio todo (se aplican restricciones). Fuera del lecho conyugal nada. Lo de ellos fue una amistad amorosa, insinuada y nunca explícita, pero en la que el amor estuvo desde luego omnipresente. A tal punto lo estuvo que sólo así se entiende “La figlia che piange”. Tiene un epígrafe en latín que Eliot no traduce ni amplía. Tampoco declara su fuente. Es de Virgilio y dice en versión de Aurelio Espinoza Polit: Oh, con qué nombrellamarte virgen, pues mortal no tienesel rostro ni la voz. ¡Diosa, sí, Diosa!... Harto del abuso proliferante de los versos, Juan Ramón Jiménez tradujo en prosa inmejorable “La figlia che piange”: Quédate en el descanso más alto de la escalera; apóyate sobre una urna de jardín; teje, teje la luz del sol en tu cabello... Así hubiera visto yo que él se iba; así hubiera querido ver yo que ella se quedaba y se dolería... Y me pregunto cómo hubieran estado ellos dos juntos. La muchacha que llora es, claro está, Emily. Se quedará esperando. Como Vivienne, malgastará su talento, arruinará su existencia por culpa de la relación con Eliot. Dotada para la escena, la respetabilidad unitaria le impide hacer carrera en el teatro. Será toda su vida profesora de dicción y actuación en academias para señoritas. También toda su vida esperará el regreso de Tom que con los años se transforma en T.S. Eliot, la gran figura de la poesía y la crítica en lengua inglesa. Emily aguarda el matrimonio que nunca llegará y vive del prestigio que, a falta de un título académico, le da su amistad con el poeta más célebre del idioma. Al abandonar a Vivienne, Eliot se refugia en Emily. La visita en los veranos o ella va a Inglaterra. No hay declaración de amor ni contacto sexual. Emily lo atribuye a la religiosidad de su amigo: No puede hablarme de amor ni de matrimonio porque, sea como fuere, tiene una esposa y entre nosotros no existe el divorcio. Como ninguna otra mujer, Emily reaparece una y otra vez en los poemas de Eliot. Así por ejemplo en Miércoles de ceniza (1930) es la Señora de silencios Serena y afligida De intacta, desgarrada Rosa de memoria Rosa de olvido Exhausta y vivificante Inquieta en el reposo La única rosa es ahora el jardín De amores el término Igual que del tormento Del amor fallido El gran tormento Del amor satisfecho... (Traducción de José Luis Rivas)

Prufrock and Other Observations,1st Edition, 1917,
 de T.S. Eliot, dedicada a Miss Emily Hale


En 1934 Emily Hale y Eliot visitan Burnt Norton. De esa visita nacen los Cuatro cuartetos. Caminan por el jardín de rosas que no sólo evoca el paraíso sino, en una interpretación más compleja, el rosario que se reza a la Virgen y la guirnalda que rodea a Venus Afrodita en sus representaciones primitivas. La rosa mística es también y ambiguamente la rosa sexual de Darío, “la rosa sexual [que] al entreabrirse / conmueve todo lo que existe”. En su último poema, dedicado ya en los sesenta a su feliz esposa y ejemplar editora Valerie Fletcher, Eliot se despedirá del jardín erótico y religioso: Ningún invierno crudo helará Ningún sol tropical marchitará Las rosas del jardín que es nuestro y sólo nuestro. (Traducción de José Luis Rivas) El ayer, el hoy y el mañana se reúnen en un momento fuera del tiempo mientras los dos, que ya no son los jóvenes que dejaron de verse en Boston, caminan por Burnt Norton: Lo que pudo haber sido es una abstracción Que sigue siendo perpetua posibilidad Sólo en un mundo de especulaciones. Lo que pudo haber sido y lo que ha sido Tienden a un solo fin, presente siempre. Eco de pisadas en la memoria. Van por el corredor que no seguimos Hacia la puerta que no llegamos nunca a abrir y da al jardín de rosas. Así en tu mente Resuenan mis palabras... (Traducción de JEP) Un poema “intelectual y frío” se transforma gracias a la investigación de Lyndall Gordon en un texto de desgarrada intimidad dirigido a una interlocutora única. El encuentro en el jardín no le permite a Eliot, a diferencia de Dante, recobrar lo que pudo haber sido. La cercanía sin proximidad se repite en la obra teatral Reunión de familia. Agatha, que como Emily es una profesora soltera de edad madura, le dice a Harry, quien tal vez se deshizo de su mujer arrojándola por la borda de un trasatlántico: Ni tú ni yo estábamos allí; Sólo nuestros fantasmas. Y lo que no pasó es tan real como lo que pasó Y tú franqueaste la verja, querido mío, Y yo corrí a tu encuentro en el jardín de rosas.

Valerie Eliot y TS Eliot, después de su matrimonio en enero de 1957
foto Archivo HULTO/GETTY


En una carta a Martin Browne, Eliot explica los problemas de “Harry”: ¿Qué debe hacer un hombre que acaba de salir de un matrimonio desdichado? ¿Buscar la salvación en otro amor o emprender una peregrinación solitaria que lo lleve a encontrar en la fe religiosa la justificación de su existencia? El horror de su matrimonio lo ha desexualizado pero aún puede excitarlo una mujer hermosa. A causa de su perturbación mental, no es capaz de convertir este sentimiento en un compromiso estable. La atracción que le despierta una mujer en particular lucha con su idea de que todas las mujeres son impuras. Por eso encuentra refugio en una relación ambigua. (Emily no es su amante pero lo de ellos dos es algo más que una amistad.) Siguieron encontrándose todos los veranos en una u otra orilla del Atlántico. Luego, en el verso de Machado, “la guerra dio al amor un tajo fuerte”. Al terminar Eliot era el autor de Cuatro cuartetos, y poco después, en el crucial 1948, ya había ganado el premio Nobel y ya había muerto Vivienne. El obstáculo para el matrimonio no existía. Emily esperó la petición de mano. No se produjo. Las reuniones y la correspondencia prosiguieron. Eliot ya no era más el recluso de las sacristías. Tenía otra amistad amorosa con Mary Trevelyan, guardiana, confidente, ayudante práctica, que en vano se ofreció para casarse con él. Compartía un departamento con John Hayward, el crítico a quien envió todos los borradores de los Cuartetos. Hayward le hizo muchas observaciones que modificaron para bien el texto. Estaba en silla de ruedas. Eliot la empujaba para llevarlo de paseo y a reuniones en que brillaban la ironía y la maledicencia de Hayward. Valerie Fletcher llevaba años como secretaria de Eliot en la editorial Faber... Desde niña había crecido en la admiración hacia el poeta. Nunca se atrevió a decírselo, a él tan serio, tan reservado, tan modesto, tan cumplidor del deber. Para su inmensa sorpresa, un día de 1958 Eliot le pidió que se casaran. Así lo hicieron, el día exacto que se cumplieron diez años de la muerte de Vivienne. Valerie tenía 30, Emily 67, Eliot 69. A última hora avisó a Mary Trevelyan y a Hayward. Nunca se repusieron de la sorpresa ni perdonaron lo que para ellos fue una traición. Mucho más honda resultó la herida para Emily. Eliot se deshacía de ella como arrojó a Vivienne, la apartaba para siempre después de medio siglo de relación. Emily Hale pasó la década que le restaba de vida (murió en 1968, el año menos elioteano que pueda imaginarse) con la esperanza de que al menos su importancia en la vida y la obra de “Tom” fuera reconocida. Donó a Princeton las mil cartas que conservaba de su amigo, con la advertencia de que no se dieran a conocer hasta el 2019; le pidió las otras tantas que ella le había escrito. Eliot no contestó y las destruyó, o se supone que las destruyó. Pueden aparecer en algún momento en los próximos 20 años. Su conducta para con Emily Hale fue la suprema traición de T.S. Eliot. Ella perdió la razón, aunque pudo mantener cierta apariencia de normalidad cotidiana. “El hombre que amé no respondió a mi confianza, amistad y amor”. Si en efecto sus cartas fueron destruidas, Emily Hale será para siempre la “señora de los silencios”. Sólo sobrevivirá en la voz de Eliot que nunca hubiera escrito lo que escribió sin la presencia y sin “la posesión por pérdida” de Emily Hale: Amor se llama el que inventó el tormento. Amor el nombre desacostumbrado Que tejió con sus manos el suplicio más cruento: La camisa de lumbre que jamás ha logrado Arrancarse el poder en el mundo violento. Toda la vida, toda nuestra espera Yace en ser pasto de una u otra hoguera. ~

JOSÉ EMILIO PACHECO (1939-2014)

Valerie Fletcher de Eliot, 1956
Foto Ida Kar
© National Portrait Gallery, London


PS: Valerie Eliot, murió a los 86 años de edad. Se casó con el poeta T.S.Eliot en 1957. Él tenía 68, ella solo 30. Cuentan que lo hizo feliz, muy posiblemente debido a la total entrega y devoción que le tenía. Ello se confirma en su trabajo junto a él, fue su secretaria, editora y fundadora del premio T.S. Eliot.