sábado, 30 de marzo de 2019

CONFERENCIAS 18; El ano de la patria

EL ANO DE LA PATRIA:
ESTADO, VIOLENCIA E INTERTEXTUALIDAD ALREDEDOR DEL ANO EN TADEYS DE OSVALDO LAMBORGHINI


Detalle de la fachada Platerías de la Catedral de Santiago de Compostela 1103-1117


Tout le monde a conscience que la vie est parodique
et qu'il manque une interprétation.
Ainsi le plomb est la parodie de l'or.
L'air est la parodie de l'eau.
Le cerveau est la parodie de l'équateur.
Le coït est la parodie du crime.
Georges Bataille, L’anus solaire[1]

No te ayuntarás con hombre como con mujer; es una abominación.
Levítico, 18: 22
 



Este texto habla del ano. No sólo como el orificio que se halla en el extremo terminal inferior del tubo digestivo; no sólo como el extremo opuesto a la boca, fosa de los desechos; y no sólo como el gran lugar donde se centra la injuria, sino como el espacio donde el yo y el otro, una otredad borrosa, se define. Del yo, en general, no suele hablarse en términos concretos sino abstractos: es el yo-divino; el yo-hombre; el yo-nación o el yo-patria. El otro, en cambio, es un insalvable cotidiano y muchas veces centrado en algo concreto como el ano. Este hoyo ‘taydesiano’ puede definirse como objeto pornográfico, como instrumento de diferenciación social o sublevación femenina; como estructura de Estado y piedra fundacional de la Comarca, lugar donde sucede la novela de Tadeys; posiblemente un texto inconcluso del poeta y escritor argentino Osvaldo Lamborghini (1940-1985).

Aparentemente el ano es un hoyo igualador, todos tienen ano. Puerta de intercambio, desecha lo que entra por la boca y asegura la salud corpórea; paralelamente el ano encierra el fantasma del saber de la Antigüedad ese que, como cópula mítica señalada por Lacan, recibe la penetración (pensamiento/ nous) e insemina la materia (mundo) recreándola (Fink 180-181). Sin embargo hablar de ano frecuentemente implica hablar del otro, sobretodo a partir de la cristiandad.

Sinónimo de otredad, fue común que durante las Cruzadas se señalara a los musulmanes como violadores de obispos y niños cristianos; se concluía que la sodomía era práctica propia de infieles (Sáez 117). Los búlgaros, de la rama heterodoxa de los bogomiles (‘amigos de dios’ del búlgaro Bog ‘dios’) aparecidos en el siglo X y cercanos al movimiento cátaro, fueron acusados de heréticos sodomitas (O'shea 19-20). Así, de la palabra latina Bulgarus derivó la francesa Bogre (1172) Bougre, Bougeron[1] todas sinónimos injuriosos de sodomita. En inglés el término Bugger[2] conserva el sentido original de sodomita; de él se derivan el término italiano buggerone, que también significa ‘maldito, horroroso’[3], y el hispano bujarrón. En las crónicas del siglo XVI, e incluso del XVII, los amerindios eran, además de canibales, sodomitas cotidianos e irredentos. ¿Qué decir de la expresión “hacer el griego” como eufemismo actual para el coito anal?

Pero el ano es también un enigma, sobretodo a sabiendas que la voz esfínteres proviene de la voz griega ‘sphinx’, comparte pues su etimología con la criatura mitológica apostada a la entrada de Tebas que exigía enigmas; coincidencias que conocía perfectamente el poeta cubano Lezama Lima “En griego esfinge y esfínter tienen la misma raíz: contraer” (Lezama Lima 84). En todo caso, el ano al contraer separa al yo del otro; es otro el que usa el ano y el ano es otro. Y si bien, en la novela de OL el ano es también un otro llamado justamente tadey, parodia de lo antropológico que, según González Echevarría en su magnífico texto Mito y Archivo, subyace como discurso en la estructura de la novela latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX (213-214), la representación del ano también pasa por otros discursos.

Al inicio del capítulo I de la novela[4], el ano divide el mundo en dos partes de manera vertical: lo positivo es el hombre lo negativo la mujer; él es activo, experimenta placer y está arriba donde el poder se transmite de padres a hijos. El estatus de su fuerza es inversamente proporcional al dolor producido en el otro; parodia del género pornográfico-sentimental donde la alteridad sólo es aceptada si queda subordinada, como sucede en la relación de rete Kab con el boyerito, un niño de once años:

(…) soy yo quien te descubrió el culito y te lo hice. ¿te acordás cómo llorabas? ¡Y al mismo tiempo me preguntabas si te tomaría por esposa si me quedaba viudo! ¡Hay que ser puto para hablar así, puto de toda la vida! (Lamborghini 28)

Más allá de la penetración dolorosa, es el lenguaje del bujarrón Kab, hombre casado con una hija, lo que convierte al niño en bardaje, en puto; es decir en un hombre que se ha deslizado silenciosamente hacia lo femenino “mi cuerpito, transformado en hembra y en mujer, no dejará de llorar”, afirma el boyerito (Lamborghini 28). ¿Cómo se realiza este deliz corporal, esta alquimia entre el dar y el tomar?

En el lenguaje coloquial existe una expresión popular que mezcla religiones y ano, y que bien podría explicar la transformación: “Según la ley de Mahoma, tan maricón es el que da como el que toma pero según la ley de Cristo el que da el primero es el más listo.” Y en efecto, muy posiblemente desde la época de las Cruzadas o antes[5], subsiste una distinción entre el caballero de la cruz que viola o da (it.buggerone, esp.bujarrón), y el mahometano (ella o él violado) que recibe (it.bardascia, esp.bardaja, bardaje). La distinción, sin embargo, no es estrictamente del período de las cruzadas orientales aunque, según la drae y el diccionario gay, la etimología de la palabra bardaje proviene del árabe Bardag que significa cautivo/niño/esclavo, que a su vez deriva de la expresión persa Hardah que significa esclavo (Colectivo).

Ello vincularía las tríadas amo/hombre/Kab y esclavo/niño/boyerito, con la tradición griega donde el niño (erómeno) salido del gineceo, y las faldas de mamá, es iniciado sexual e intelectualmente por un hombre mayor (erastés). Foucault afirma, no sin cierta ironía, que el gran amor, entre un hombre mayor y un joven, propuesto por Platón en El Banquete, era en realidad un sistema aristocrático que resolvía el problema de la pasividad, vista por la Polis como un deshonor y asociada a lo sucio y vergonzoso. Explica, en el capítulo titulado “el honor de un joven”, que la juventud en Atenas era considerada un período de transición, una etapa en el devenir de un varón dentro de la ciudad. El mancebo por su edad, tenía una condición total de deseable mientras que su honor aún no se había construido. Su honra futura dependía de su capacidad de dar a la ciudad y defenderla en tanto guerrero, incluso del uso que le diera a la Fortuna de ser bello y deseado; de ahí la permisividad de su relación con un hombre mayor que le enseñara. En este caso su pasividad (nunca afeminamiento), no era considerada deshonrosa, caso inverso para un hombre mayor que gustara de lo pasivo (Foucault, Histoire de la sexualité II 265-272).

Empero el ano no sólo divide al mundo en dos entidades: activo/hombre-pasivo/mujer-niño, sino también en el lugar donde se juega, en términos de hombría, la diferenciación social: dominus-esclavo. No es lo mismo ser tendero que aristócrata explica OL a partir de un pequeño diálogo casi infantil:

¿es usted el tendero?

Emocionado le había respondido:

—sí, Excelencia. Le informaron bien. Soy el tendero, y aquí estoy: a sus pies para servirle.

El aristócrata contestó, veloz como una saeta:

—servirle de nada. Si sos el tendero, ¿no querés que te rompan el agujero? (51)

Negar con bromas anales al pobre, al tendero o a la mujer es casi un hecho institucionalizado en la Comarca, sobretodo en la ciudad donde los niños para divertirse injurian al protagonista, Seer “que se parece a coger”, cantándole en rima, a partir de su apellido paterno, “Tijuán: por el culo te la dan” (38).

No se trata de un adoctrinamiento preciso o deliberado, sino de una estructura cultural, de normalidad, que se posiciona en el centro del discurso como un sol y dirige sus rayos hacia cualquier lugar. En este caso, a diferencia de la relación entre Kab y el boyerito, no se trata de una estructura vertical donde los niños más fuertes entrenan a los más frágiles — Seer no sabe exactamente qué significa eso de dar—, sino de un crisol de discursos. Es el ano y sus dichos, y sus rimas ejercidas y practicadas en lo cotidiano, lo que producen la realidad de la escuela en la Comarca y la realidad de Seer que, en su repetición discursiva —¡El lenguaje, al fin y al cabo, produce realidades! diría Butler—, hiere tanto al niño como a su padre el tendero.

Éste, desolado por los cantos, asume una hombría perdida, deslizándose de lo activo a lo pasivo, una deshonra que desembocará en la locura. OL aprovecha la escena de la locura para presentarnos los discursos anales como instrumentos de sublevación femenina. Tuerce el discurso y la estructura binaria que, como vimos, está aceptada desde la antigüedad.

En efecto, antes de enloquecer el padre de Seer discute con la esposa: “Yo quería convertirlo en un gran bufarrón” (72), exclama enojado al darse cuenta de la traición de la madre que ha convertido a Seer en un niño delicado con deseos de entregarse: “¡Pobre imbécil, [le rebate la esposa], Seer será una señora como yo me lo propuse!” (73). Más adelante, atada y a punto de ser asesinada tomada por el culo, añade: “—Ella, mi niño, será una dama de alcurnia, con su culo de fresa en un puño, y extensible y chispeante como un golpe de abánico” (73). El juego de esta escena entre hombre/acción y mujer/objeto-pasivo podría sintetizarse como una exigencia política de hoyos: Los hombres abren la boca y cierran el culo mientras que las mujeres cierran la boca y abren el culo. Sin embargo la crianza de Seer ha invertido los papeles, la madre morirá penetrada pero habrá hablado y sobretodo habrá transformado a su niño en puto.

Notamos que la vigilancia no es tanto sexual como el deslizamiento que implica la entrega del ano. Una entrega que transforma la identidad de tal manera que trastoca la esencia, como sucede con el proyecto estatal Minones donde “todas, todos serán mujeres, las más adorables, las más perfectas” (80). El proyecto puede explicarse de la siguiente manera, no carente de ciertos problemas:

La cadena de convictos llega a bordo, los bufas los sodomizan a granel, y mientras algunos conservan un resto de masculinidad durante cinco o seis días, otros, en veinticuatro horas se vuelven idólatras del miembro, la feminización se les convierte en un paraíso antes de pasar a la segunda fase del aprendizaje, la que se pensó para volverlos damitas: pero estos, como meros homosexuales pasivos ya se sentirán en la gloria. El barco se transformaría en una máquina de putos. Los que conservaron algo de masculinidad, entonces, los usarían de esposas: las damitas (por proyección) no serían ellos, que se entregan por temor al castigo de la autoridad, sino los otros, los que la aman con pasión (Lamborghini 80)

Vemos que “el buque-cárcel era un tanto feroz. Los sodomizaban en cuanto subían a bordo y, a los pocos meses ya eran nenas, preciosas muñecas” (Lamborghini 20). Recordemos que en la Comarca, como en la historia, no es igual penetrar, función activa, que ser penetrado, función pasiva, y que la identidad masculina se construye de forma ambigua. Si bien a los hombres les está permitido penetrar todo lo que deseen —bufas, cogeculos o enculadores—, en ningún caso pueden ser penetrados. Deducimos entonces, en un primer momento, que la sociedad comarquí se estructura con base en valores binarios de tomar y dar, penetrador/penetrado, dominador/dominado, amo/esclavo; ganador/perdedor; fuerte/débil, poderoso/sumiso; propietario/posesión; Aristócrata/tendero; sujeto/objeto; hombre/mujer; Estado/ciudadano y civilizado/salvaje. Sin embargo, a pesar de esta estructura aparentemente rígida, en la trama lo binario se retuerce con la repetición, se invierte con pequeños elementos cuasi infantiles, paródicos, que revelan los absurdos de un régimen despótico autoritario, virulentamente parecido al mundo actual.

Si originalmente el macho, la civilización y el progreso se construyeron asumiendo el primer término del par; lo cotidianamente inferior —la mujer, el homosexual, el indio o el pobre— se construyen asociados al segundo término. La sociedad pretende ser activa construida por y para hombres, incluso en términos de violación, pues como todo mundo sabe en la Comarca, “hasta el más palurdo de los ciudadanos”, que la sabiduría en las leyes no castiga la violación, practica común, de una persona de sexo masculino, aunque se trate de un menor de edad (Lamborghini 97). De hecho, los personajes femeninos, las hembras, son casi inexistentes y su función es fundamentalmente reproductiva. Si la mujer no sirve para la producción entonces no tiene sentido. Lo aclara Foucault, en su Cátedra de el Collège de France, donde reproduce el discurso del médico Duval, acaecido en el cambio de mentalidad del siglo XVII, el cual sostiene que si bien las mujeres en la Antigüedad eran consideradas despreciables, a partir de la cristiandad deben considerarse como émulos de la Virgen María que “llevaba a nuestro Salvador en su seno” (Foucault, Los anormales 76). Para ello el médico Duval da tres razones: La primera es que “la matriz que antes era principalmente censurada en la mujer” debe reconocerse ahora como “el templo más digno de amor” […]. En segundo lugar, la inclinación que los hombres tienen por la matriz dejó de ser ese gusto por la lubricidad, para convertirlo en una especie de “sensible precepto divino”. Tercero el papel de la mujer […] se tornó venerable. A partir del cristianismo, se confían a ella la custodia y la conservación de los bienes de la casa y su transmisión a los descendientes (Foucault, Los anormales 76). Las tres razones convierten a la otra-mujer en instrumento económico: reproduce al género humano y cuida sus bienes.

En Tadeys, la otredad no femenina pero feminizante, también tiene una función productiva, comercial, aunque se identifique por el culo tomado. Además es una otredad que proviene de un origen enigmático llamado tadey. El esfínter se convierte así en el camino que responde al enigma de la Comarca, a su fundación en el tiempo, a su historia y antropología; el tadey encarnado que habita el desierto. Organizados en tribus que habitan una red de cuevas, los tadeys, para la supervivencia de la especie, copulan sólo de noche con las hembras, casi carentes de chichis. El día está reservado a los machos quienes se entregan unos a otros, en una continua orgía sodomita. Como el gaucho o el indio, el tadey es otro que no posee los valores de la masculinidad asociados a la civilización y al progreso, a la clase social superior, al papel activo y por lo tanto productivo de la sociedad. El tadey se entrega por el ano y al entregarse pierde el poder, su hábitat, el cuerpo e incluso la carne que se comercia. No olvidemos que la Comarca comercializa la carne de tadey. El problema no es tanto sexual como económico pues el sujeto pasivo, mujer o tadey, fundamenta la economía.

Por otro lado, los valores binarios, asociados a la economía, la política y la carne, remiten a la ideas fundadoras de la nación argentina. Me refiero tanto a textos como el Fiord de OL o La fiesta del monstruo de Borges y Bioy Casares, como a El Facundo de Sarmiento; pero sobretodo a El Matadero y su paralelismo con Tadeys. El Matadero, escrito posiblemente en 1840 y publicado en 1871, sucede entre la prohibición y la carne, entre beatos y libertinos, entre “los predicadores federales” y “los salvajes unitarios”. El cuento habla de fundaciones selladas 1)con las guerras fraticidas: “Se originó de aquí una especie de guerra intestina entre los estómagos y las conciencias” (Echeverría 5); 2)con la prohibición: “Quizá llegue el día en que sea prohibido respirar aire libre, pasearse y hasta conversar con un amigo, sin permiso de autoridad competente.” (6); 3)con el sacrificio ritual: “y cayó el soberbio animal entre los gritos de la chusma que proclamaba a Matasiete vencedor” (13); y 4)con el crimen: “Abajo los calzones de ese mentecato cajetilla y a nalga pelada denle verga, bien atado sobre la mesa” (18). Cuerpo del delito, explicaría Ludmer, como instrumento “para definir y fundar una cultura”, “para marcar lo que la cultura excluye”, en fin una rama de la producción capitalista (Ludmer 15-19)

Al respecto el escritor argentino, contemporáneo de OL, Nestor Perlongher en su texto Matan a una marica escribe “La privatización del ano, se diría siguiendo al Antiedipo, es un paso esencial para instaurar el poder de la cabeza (logo-ego-céntrico) sobre el cuerpo”. Mitológicamente hablando, la idea de Perlongher recuerda a un Zeus pariendo por la cabeza a una Atenas, joven soltera vestida de guerrero, que debió salir del vientre de Tetis, así el hombre-logos se impuso sobre la mujer-cuerpo. El también activista añade, “Si una sociedad masculina es —como quería Freud de Psicología de las Masas— libidinalmente homosexual, la contención del flujo (limo azul) que amenaza estallar las máscaras sociales dependerá, en buena parte, del vigor de las cachas” (el no llegar a tiempo a la chata desencadena en El Fiord de Osvaldo Lamborghini, la violencia del Loco Autoritario; Bataille, por su parte, veía en la incontinencia de las tripas el retorno orgánico de la animalidad” (Perlongher).

La animalidad es la matriz de una muy temida otredad, el otro más antiguo, el salvaje medieval y sus nexos con la naturaleza (Bartra 81-98). Así naturaleza, animalidad, salvaje, tadeys, ano y mujer, antes de sacralizarse vía la religión, son otros insalvables.

Entendemos, entonces, que la falta no radica en la entrega sexual per se sino en la posible otredad sublevada que amenaza al sistema económico o al régimen de propiedad y posesión. No deja de ser curiosa la etimología de la palabra ano, anus en latín que proviene del protoindoeuropeo (ano: anillo) (Sáez 70), adminículo de metal que une parejas y consagra vínculos, ambos rituales de posesión.

Se puede entonces afirmar que si la matriz se convirtió en algo sagrado es porque fue sacralizada por la religión, el matrimonio y el sistema económico de transmisión… He ahí la matriz de la importancia de la otredad femenina. Recordemos que solemos afirmar que detrás del órgano matriz está el misterio de la vida, los hijos, la población que trabaja, mientras callamos que detrás del ano nos esperan los intestinos, y quizás la muerte. Pero el ano permanece y nos mira con el ojo provocador de Bataille, uno sólo como el del yokai Shirime, monstruo japonés, que “no tiene ojos ni nariz más que un único ojo en el culo que brilla intensamente como un relámpago” (Boscá).
Zyanya Mariana,  
México, Mayo 15 y 2017




[1] Todo el mundo tiene conciencia de que la vida es paródica y que carece de una interpretación./ Así, el plomo es la parodia del oro./ El aire es la parodia del agua/ El cerebro es la parodia del ecuador/ El coito es la parodia del crimen. (Traducción ZM)

[1] Fornicateurs, bouguerons et vendeurs de gens
[2] El Buggery act en 1533 castigaba la sodomía 
[3] Oggi fa un fredo buggerone :‘hoy hace un frío horroroso’, ‘un frío herético’
[4] Todas las citas de Tadeys corresponden a la edición de Mondadori 2012
[5] Según el Codex Theodosianus (livre IX, titre VII, §. 3) y el Codex Justiniani Augusti (livre IX, titre IX, §. 30 (31), tanto Constantino Iero como Constantino IIdo decretaron en sus edictos acerca del adulterio, castigo a todo hombre, declarado “infame”, que se case con hábitos de mujer.
 



David  a Jonatán: " ¡Cómo sufro por ti,
Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mí más
maravilloso que el amor de mujeres (2 Samuel 1-26)."
"La Somme le Roy", 1290, francés ms iluminado (detalle),
Museo Británico

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