martes, 14 de mayo de 2013

12.- Antología poética; Carlos & Zyanya


Saying nothing... sometimes says the most
Emily Dickinson






Una de mis pinturas predilectas es esta de Hokusai, el sueño de la mujer del pescador.  Me gusta por su total ambigüedad.  Esta mujer de ojos cerrados, de boca tomada, de cuerpo sitiado en la indolencia no sabe; no sabemos ni sabremos si sufre o goza...  ¿Pero  sentiríamos los mismo frente al cuerpo de un hombre?  Esa vaguedad, que oscila entre la perversidad y el misticismo y que pesa, se parece mucho a la condición de lo femenino; por lo menos a la que yo cargo.  
Parecerá una perogrullada, le argumentaba a mi amigo Carlitos, decir que el mundo te trata diferente al verte en un cuerpo de hembra que en uno de varón.  Incluso el saludo se tergiversa y a veces, concluí, me ahogo.  
  



Stevie Smith /Florence Margaret Smith, (1902-1971)
Kingston Upon Hull, Inglaterra,
@CarlosAzar


NOT WAVING BUT DROWNING


Nobody heard him, the dead man,
But still he lay moaning:
I was much further out than you thought
And not waving but drowning.
Poor chap, he always loved larking
And now he's dead
It must have been too cold for him his heart gave way,
They said.
Oh, no no no, it was too cold always
(Still the dead one lay moaning)
I was much too far out all my life
And not waving but drowning.

Stevie Smith














NO SALUDABA, ME AHOGABA

Nadie oía al hombre muerto
y aun así seguía gimiendo:
fui más lejos de lo que pensaban
y no saludaba, me ahogaba.
Pobre tipo, siempre le gustó el relajo
y ahora está muerto
hacía demasiado frío, dijeron,
su corazón no resistió.
Oh, no, no, no, siempre hizo demasiado frío
(y aun así el muerto seguía gimiendo)
toda la vida fui demasiado lejos
y no saludaba, me ahogaba.

Stevie Smith











Sylvia Plath (1932-1963)
Boston Massachussets, EU-Londres, Inglaterra
@ZyanyaMariana

LADY LAZARUS


I have done it again.
One year in every ten

I manage it----

A sort of walking miracle, my skin

Bright as a Nazi lampshade,

My right foot

A paperweight,

My face a featureless, fine

Jew linen.

Peel off the napkin

0 my enemy.

Do I terrify?----

The nose, the eye pits, the full set of teeth?
The sour breath
Will vanish in a day.
Soon, soon the flesh
The grave cave ate will be
At home on me
And I a smiling woman.
I am only thirty.
And like the cat I have nine times to die.
This is Number Three.
What a trash
To annihilate each decade.
What a million filaments.
The peanut-crunching crowd
Shoves in to see
Them unwrap me hand and foot
The big strip tease.
Gentlemen, ladies
These are my hands
My knees.
I may be skin and bone,
Nevertheless, I am the same, identical woman
The first time it happened I was ten.
It was an accident.
The second time I meant
To last it out and not come back at all.
I rocked shut
As a seashell.
They had to call and call
And pick the worms off me like sticky pearls.
Dying
Is an art, like everything else,
I do it exceptionally well.
I do it so it feels like hell.
I do it so it feels real.
I guess you could say I've a call.
It's easy enough to do it in a cell.
It's easy enough to do it and stay put.
It's the theatrical
Comeback in broad day
To the same place, the same face, the same brute
Amused shout:
'A miracle!'
That knocks me out.
There is a charge
For the eyeing of my scars, there is a charge
For the hearing of my heart----
It really goes.
And there is a charge, a very large charge
For a word or a touch
Or a bit of blood
Or a piece of my hair or my clothes.
So, so, Herr Doktor.
So, Herr Enemy.
I am your opus,
I am your valuable,
The pure gold baby
That melts to a shriek.
I turn and burn.
Do not think I underestimate your great concern.
Ash, ash ---
You poke and stir.
Flesh, bone, there is nothing there----
A cake of soap,
A wedding ring,
A gold filling.
Herr God, Herr Lucifer
Beware
Beware.
Out of the ash
I rise with my red hair
And I eat men like air.

Sylvia Plath









(traducción de Gloria Almendáriz)
  
Señora Lázaro



Lo logré otra vez,
Me las arreglo


Una vez cada diez años.


Especie de fantasmal milagro, mi piel


Brillante como una pantalla nazi,


Mi diestro pie


Es un pisapapel,


Mi rostro un fino lienzo


Judío y sin rasgos.      


Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso?
¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.
Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí
Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.
Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.
Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.
Cómo me desenvuelven la mano, el pie
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.
Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.
Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.
La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.
Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/
Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo
Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
'Milagro!'
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón
De verdad sigue latiendo.
Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre
O por unos cabellos o por mi ropa.
Sylvia Plath y Ted Hughes en 1961
Bien, bien, está bien HerrDoktor.
Bien. Herr Enemigo.
Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebe de oro puro
Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.
Ceniza, ceniza
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00
Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.
Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.
Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

Silvia Plath





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